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En un país que colecciona ídolos como estampitas rotas, Hugo Rodallega resistió el paso del tiempo. Nació en El Carmelo, Valle, donde la cancha no era de pasto sino de polvo, y la vida dolía más que el fuera de lugar. Desde pelado aprendió a jugar con hambre, con coraje, con la rabia limpia…

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¿Crees que el fútbol puede cambiar vidas y territorios? Te invitamos a un espacio de reflexión y diálogo entre líderes comunitarios, dirigentes deportivos y deportistas que trabajan por la paz desde las canchas,