La violencia no se contiene solo en el estadio: el barrismo como asunto de país

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Una lectura desde la construcción de paz, la convivencia, el territorio y la política pública.

Lo ocurrido recientemente en el estadio El Campín, durante el encuentro entre Independiente Santa Fe y América de Cali, volvió a poner en el centro de la conversación pública la violencia asociada al fútbol. Un intento de robo de una bandera entre hinchadas terminó escalando a enfrentamientos, invasión del terreno de juego e intervención de las autoridades.

El hecho exige sanciones y responsabilidades individuales. Pero también plantea una pregunta más profunda: ¿la violencia empieza realmente en la tribuna?

Desde DEPAZO creemos que no.

El hincha no es solo hincha

Una persona no deja su historia afuera del estadio cuando cruza el torniquete.

Quien ocupa una tribuna también puede ser estudiante, vecina, trabajador, madre, joven, comerciante o líder de su comunidad. Hace parte de un barrio, de una familia y de un territorio. Ha tenido determinadas oportunidades educativas, económicas y culturales, y ha aprendido distintas maneras de relacionarse con las demás personas y de tramitar los conflictos.

Por eso, analizar la violencia en el fútbol únicamente como un problema de comportamiento dentro de un estadio resulta insuficiente.

La desigualdad, la exclusión, la falta de oportunidades y las formas violentas de resolver diferencias no desaparecen cuando comienza un partido. También pueden manifestarse allí.

Reconocer esto no significa justificar una agresión. Cada persona debe responder por sus decisiones y por las consecuencias de sus actos. Pero comprender el contexto social permite pensar mejor en la prevención.

La tribuna también refleja la sociedad que tenemos

Los estadios son lugares de encuentro, identidad y celebración, pero también son espacios donde se expresan tensiones presentes en la sociedad.

La construcción de paz implica precisamente aprender a tramitar esas tensiones de otra manera.

La paz no significa que nunca exista conflicto. Las diferencias, las rivalidades y las discusiones son inevitables. En el fútbol, incluso, hacen parte de su identidad cultural.

El reto consiste en que esa rivalidad no convierta al otro en enemigo.

Se puede defender una camiseta, cantar por un equipo, discutir sobre fútbol y sentir profundamente una identidad deportiva sin que la violencia sea la forma de resolver la diferencia. Ese aprendizaje también es construcción de paz.

Las barras también pueden ser actores de transformación

Reducir el barrismo únicamente a hechos violentos también sería una lectura equivocada.

Las barras tienen una enorme capacidad de organización colectiva. Construyen identidad, movilizan personas, generan redes de solidaridad y desarrollan procesos culturales, sociales y comunitarios en diferentes territorios del país.

Existen experiencias de barras que realizan actividades con niñas y niños, intervenciones comunitarias, recuperación de espacios, procesos artísticos, acciones solidarias y encuentros de convivencia.

La pregunta no es si las barras tienen fuerza colectiva, sino hacia dónde dirigimos esa fuerza.

Reconocer esa capacidad permite pasar de una política centrada exclusivamente en controlar a una política que también busca transformar.

Si el conflicto es social, la respuesta no puede ser solamente policial

Garantizar la seguridad en los estadios es indispensable.

Los controles de ingreso, la presencia institucional, la identificación de responsables y las sanciones cumplen una función necesaria. Pero cuando cada nuevo episodio de violencia termina únicamente en mayores restricciones, prohibiciones de ingreso o incremento de dispositivos policiales, debemos preguntarnos si estamos atendiendo el problema completo.

La seguridad puede contener una situación. No necesariamente transforma las condiciones que la producen.

Por eso, además de control y sanción, se requieren procesos de educación, oportunidades para jóvenes, cultura, participación, diálogo, trabajo territorial y acompañamiento institucional permanente.

No se trata de reemplazar la seguridad. Se trata de complementarla.

Bogotá: una discusión que ya está ocurriendo

Lo sucedido en El Campín ocurre, además, en un momento particular para Bogotá. La ciudad lleva más de dos décadas desarrollando experiencias alrededor de la convivencia en el fútbol. A través de programas como Goles en Paz, se han construido espacios de diálogo con organizaciones futboleras, procesos pedagógicos, acompañamiento territorial e intervenciones orientadas a prevenir conflictos.

Esto significa que Bogotá no parte de cero.

Pero el debate está avanzando hacia una pregunta de mayor alcance: ¿deben estas experiencias convertirse en una política pública permanente de barrismo social?

El 21 de agosto de 2026, el Concejo de Bogotá tenía previsto discutir en primer debate el Proyecto de Acuerdo 614 de 2026, una iniciativa que plantea lineamientos para la formulación de una política pública de barrismo social en el Distrito Capital.

La coincidencia temporal resulta significativa. Mientras la institucionalidad discute cómo consolidar una política de largo plazo, los acontecimientos ocurridos en El Campín recuerdan por qué esta conversación sigue siendo necesaria.

Sin embargo, construir una política pública no debería significar solamente diseñar mejores protocolos para los partidos. El reto está en conectar la tribuna con el territorio.

Hablar de barrismo social implica preguntarse por educación, cultura, oportunidades para jóvenes, participación, organización comunitaria, género, convivencia, empleo, prevención de violencias y formas pacíficas de tramitar los conflictos.

Bogotá puede convertirse en un laboratorio de discusión sobre qué ciudad queremos construir alrededor del fútbol.

El barrismo social también es una discusión de país

Colombia ya ha avanzado en reconocer institucionalmente que el fenómeno del barrismo debe analizarse desde una perspectiva social.

El marco normativo nacional contempla el concepto de barrismo social y plantea componentes educativos, culturales, participativos y comunitarios para trabajar con las organizaciones de hinchas.

Además, el Plan Nacional de Desarrollo 2022–2026 incorporó el barrismo social como estrategia para mejorar la convivencia ciudadana y planteó fortalecer organizaciones barristas, redes comunitarias y las condiciones de vida de jóvenes barristas y sus familias.

Ya no se trata únicamente de cómo evitar una pelea en el próximo partido, sino de qué condiciones estamos construyendo antes de que aparezca la violencia.

Ese cambio convierte al barrismo en una discusión de política pública y eleva el debate más allá de una ciudad o de un estadio.

Hablar de barrismo es hablar de política pública

Detrás de una tribuna existen mucho más que camisetas y banderas.

Jóvenes · familias · barrios · educación · empleo · cultura · seguridad · participación · espacio público · identidad · oportunidades

Por eso, una política pública de barrismo social debe ser necesariamente integral. No puede limitarse a definir protocolos para los días de partido. Debe articular instituciones, organizaciones barristas, clubes, comunidades, academia y gobiernos territoriales alrededor de una estrategia de largo plazo.

También debe contar con recursos, indicadores, mecanismos de seguimiento y presencia territorial. De lo contrario, cada episodio de violencia nos obligará nuevamente a comenzar la conversación desde cero.

Una conversación que debe salir de las redes

Los acontecimientos recientes también representan una oportunidad para que esta discusión no termine únicamente en publicaciones, sanciones o declaraciones institucionales.

Es necesario encontrarnos.

Poner en una misma conversación a organizaciones barristas, instituciones públicas, clubes, academia, organizaciones sociales y comunidades permitiría discutir qué está funcionando, qué hace falta y qué debería contener una política pública capaz de responder al fenómeno desde una perspectiva integral.

Ese diálogo puede comenzar en Bogotá, recoger los aprendizajes de Goles en Paz y de los procesos territoriales existentes, y proyectarse hacia una conversación nacional.

De la tribuna al territorio: ¿qué política pública de barrismo social necesitamos?

La violencia no se contiene solo en el estadio

Lo ocurrido en El Campín debe llamar la atención, pero no únicamente para reforzar controles durante el siguiente partido.

También para preguntarnos qué estamos haciendo antes de que aparezca la violencia.

Una política pública que reconozca el barrismo como parte de la vida social permite comprender que lo que está en juego no es solamente la seguridad dentro de un escenario deportivo. Está en juego la manera en que construimos convivencia en nuestros territorios.

Si queremos estadios diferentes, también debemos trabajar por sociedades capaces de tramitar sus diferencias sin violencia.

El fútbol puede seguir siendo escenario de rivalidad, identidad y pasión. Pero también puede convertirse en un espacio privilegiado para aprender algo mucho más importante: convivir con quien piensa, siente y alienta diferente.

Prevenir la violencia en el fútbol también es una decisión sobre la sociedad que queremos construir.

Fuentes de referencia

Concejo de Bogotá: Proyecto de Acuerdo 614 de 2026 y agenda de la Comisión de Gobierno del 21 de agosto de 2026.

Secretaría Distrital de Gobierno de Bogotá: Información institucional sobre Goles en Paz, convivencia y diálogo social.

Función Pública: Decreto 1066 de 2015: disposiciones sobre barrismo social.

Plan Nacional de Desarrollo 2022–2026: Referencias al barrismo social como estrategia de convivencia ciudadana.

Ministerio del Interior: Plan Decenal de Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol 2014–2024.

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